Teatro La Proa: metáforas desde el reciclaje
I
Reflexiones de hoy y siempre
Tratar los temas como la protección de las especies, el uso del agua de manera consciente, la emisión de gases dañinos a la atmósfera, todos estos temas y muchos más se pueden tratar con el poder del teatro de títeres. El arte de las figuras animadas es rico y con los títeres podemos llegar a cualquier edad con infinidades de discursos y objetivos, solo basta escudriñar en la imaginación de los creadores para explorar sus diversas posibilidades.
Somos un grupo de teatro y varios de nuestros miembros practicamos el arte de enseñar el arte titiritero en la Escuela Nacional de Teatro de Títeres. Allí somos maestros de actuación con títeres en los diferentes cursos. Nuestros estudiantes son adolescentes que rondan edades entre los 15 y 19 años. Los objetivos de nuestras clases generalmente no están dirigidos a la educación ambiental o a la protección de la biodiversidad, pero nuestra práctica diaria como titiriteros y como maestros está condicionada por infinidades de carencias materiales. Atravesamos faltas de telas, pinturas, pegamentos, hilos, maderas, metales… en fin, la lista es larga. Nos vemos obligados a reinventarnos y a crear en medio de ahorros voluntarios e involuntarios y esto nos obliga a aprovechar al máximo materiales de todo tipo que tenemos a la mano para culminar cualquier resultado artístico.
Miramos en la basura en busca de tesoros, de magia y de señales que nos iluminen la creación, aprovechamos tejidos de ropas usadas, tornillos y puntillas de antiguas escenografías, plásticos de diferentes envases, hierros viejos, maderas de muebles antiguos o en desuso. Sin querer y muchas veces a conciencia logramos estar en sintonía con estos tiempos donde, las pantallas con sus comerciales casi nos obligan al consumo de lo nuevo. En Cuba es difícil adquirir productos terminados en fábricas que por estar repetidos hasta el infinito pierden autenticidad y la frescura artesanal, en cambio creamos artesanías con un sabor teatral diferente y más auténtico.
Lo hermoso puede estar escondido en una reconstrucción, o en una restauración, lo bello puede renacer de una palangana vieja (como dice nuestra poetiza), o en el vestuario de una abuela. Nuestros estudiantes y nosotros estamos adaptados a tratar de ser minimalistas, pero sin renunciar a la calidad de nuestros espectáculos. Ante la ausencia de materiales para grandes escenografías, potenciamos la enseñanza de las técnicas de animación, las dramaturgias de las historias, la construcción de los personajes y las relaciones entre ellos, la exploración en la combinación de los tipos de títeres. La teatralidad florece desde las ausencias de presupuestos, pero con la riqueza de la imaginación y de las condiciones artísticas.
II
Alitas de cucarachas llevadas al hormiguero
La relación de Teatro La Proa con la biodiversidad la podemos encontrar en diferentes obras. Se puede ver desde el uso de materiales reciclados en la construcción de diferentes títeres, como Amelia sueña mariposas; en el uso de personajes zoomorfos en historias como Mowgli, el mordido por los lobos, o Érase una vez un pato, o directamente en historias que hablan del amor y la protección a los animales como Cuidado hay perros y Burrerías. Estos dos últimos títulos mencionados serán de las cuáles hablaré con un poco más de profundidad en este trabajo.
III
Voy montado en mi burrito
Burrerías, es una obra con una dramaturgia de mi autoría que reúne varias historias, canciones, adivinanzas, donde los protagonistas son los burros. En este espectáculo el público puede disfrutar de un burro que quería ser cantante de ópera, de un burro enfermo y juguetón, de una pareja de burritos enamorados que se enfrenta al malvado Don Calderón y hasta del mismísimo Platero.
Uno de nuestros objetivos con esta obra es tratar de desmitificar esa creencia popular de que los burros son animales torpes de poca inteligencia. En cada representación rompemos el arquetipo vulgar del burro como el tonto o cabeciduro de pocas luces. Nuestra obra recorre la poesía que puede estar escondida en estos amigos trabajadores e incita a la inclusión, al amor y a respetarnos con nuestras diferencias.
Burrerías está hecha con retazos de tela, con un retablo de plástico (PVC) y se ha presentado en casi toda Cuba. Nos ha propiciado el intercambio con públicos de montañas en Puebla, Mérida, CDMX, Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra. También se ha presentado en las montañas del Oriente de Cuba y barrios muy apartados y complicados socialmente en la misma capital cubana. Muchos de estos lugares son de difícil acceso a los cuales el teatro llega pocas veces y en algunos casos hasta una vez al año. Con esta obra incentivamos el amor a los animales, pero los personajes zoomorfos de Burrerías, son una metáfora para hablar de tolerancia, del daño que pueden hacer los estigmas, pero sobre todo con nuestros burritos hablamos de respeto y cariño entre todos los seres vivos.
IV
Perros salchichas ligeros y enormes pastores
Las obras Burrerías, Cuidado hay perros y Quién le pone el Cascabel, son parte de La Trilogía de las mascotas. Tres obras dedicadas a la protección y cuidado de los animales. Las tres tienen una dramaturgia similar, que responde a la creación del texto con fragmentos de cuentos u obras de teatro, además de canciones y adivinanzas.
El segundo espectáculo de esta trilogía está dedicado a los fieles amigos del hombre: los perros. Son las mascotas más comunes; sin embargo, también sufren el abandono, el maltrato y el estigma de que siempre son enemigos de los gatos. Al igual que en Burrerías, en Cuidado hay perros, tratamos de derrumbar discursos vacíos, levantados como muros que detienen el pensamiento.
Cuidado hay perros, también se ha presentado en comunidades intricadas de México, en escuelas de Colombia, y en montañas y barrios muy complicados de Cuba. Es una obra que los niños adoran, donde una perrita da a luz a diez perritos, donde una gata y un perro se hacen amigos y bailan y cantan muy divertidos, donde adultos y niños recuerdan perros protagonistas de series de televisión y dibujos animados, y donde un perro callejero es curado de la sarna por el amor de un ser humano.
V
Manos: palabra e imagen
Para nosotros el teatro no es un medio para enseñar algo. El teatro es la acción en sí misma. Cuando usamos el teatro, cualquiera que sea su tipo, como una herramienta pedagógica como si fuera una escuela, corremos el riesgo de que el público lo rechace, o lo vean aburrido, los niños se pueden sentir en una escuela y eso no sería bueno, porque el teatro no es escuela, es arte. Es una nueva realidad. En nuestra compañía tratamos de tener esta máxima presente siempre que estamos inmersos en nuevos procesos creativos.
Hacer obras con discursos, recetas o panfletos donde se convoque directamente al cuidado del medio ambiente o al cuidado de los animales nos hace correr el riesgo de andar caminos trillados, repetir frases hechas y recorrer lugares comunes poco interesantes para la creación. Sin embargo, si somos creadores informados, asumimos con responsabilidad nuestro arte y tenemos verdadero amor al medio ambiente y a los seres vivos, esto florece en nuestros resultados artísticos con teatralidades sugerentes desde la dramaturgia, el diseño y la puesta en escena.
Nuestros perros y nuestros burros, son muy amados por el público y por nosotros. Estos espectáculos se estrenaron hace muchos años, Burrerías en el año 2014, y Cuidado hay perros en el año 2018. No los hicimos por sumarnos a un discurso Pet Friendly. Lo hicimos porque el amor de nosotros a los animales es nuestro día a día. Tenemos gatos y peces en el teatro y en nuestras casas. Nuestros integrantes tienen de mascotas, perros, gallinas, gallos, entre otros. Por eso mi llamado es que cambiemos nuestra forma de vida y desde ahí cambiaremos sin duda nuestra manera de hacer. Hagamos un teatro responsable con el medio ambiente. Tenemos el poder de la palabra, de la acción y de la metáfora. Es la suma perfecta para llegar a tocar la razón o la sensibilidad de nuestro público. Usemos el gesto, la imagen, los títeres. Nuestras manos son todo lo que necesitamos para salvar. Levantemos nuestros títeres.






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